«La poesía es la expresión de eso que nosotros somos sin saberlo.»
Joë Bousquet
Después de su obra anterior caracterizada por una serie de estratos geológicos y perfiles de altas montañas vistos desde la lejanía, Clara Ramírez, en su nueva serie titulada Bosques, se acerca ahora al horizonte y se introduce al bosque, a la naturaleza, a las riberas de los ríos o a los precipicios, llanos u hondonadas en busca de una « casa natural ».
En telas trabajadas de manera minuciosa por medio de capas sucesivas al óleo, de las que emergen pequeñas protuberancias puntillistas, la artista trata de captar la energía de los colores y revela en contrastes las áreas de la sombra o la luminosidad.
Su trabajo anterior es una oda a la geológia de la cordillera, trazando líneas sucesivas del límite entre el cielo y la tierra, en esta nueva serie de cuadros se adentra a la matriz vegetal, mirada desde la superficie a donde llega filtrada la luz.
Clara Ramírez lleva adentro las altas montañas de las cordilleras de los Andes, y tambien la naturaleza plácida del hemisferio norte.
Ante las montañas y los bosques solitarios de Clara Ramírez no podemos olvidar que hay una presencia permanente e y es la mirada del artista que capta la vida, la tierra, el río, con el olor esencial de la tierra.
Eduardo Garcia Aguilar
Periodista, escritor, poeta colombiano, escribio dos recopilaciones de historias cortas, dos recopilaciones de poesia y tres novelas, incluyendo El Viaje Triunfal, que octubo el Premio Ernesto Sabáto en 1993.
Ha publicado estudios sobre Alvaro Mutis y Gabriel García Márques. |
A través de formas esenciales, extraídas de profundos yacimientos de tiempo y espacio, la obra de Clara Ramírez va mucho más allá de los iniciales paisajes de la infancia.
¿De dónde provienen esas enormes crestas de la cordillera, esas siluetas de lejanas montañas que Ramírez logra plasmar con gran economía poética, através de colores fundamentales como el blanco y el negro?
Al observar la vasta serie de sus paisajes, el espectador de cualquier parte del mundo se verá confrontado al tiempo geológico, lejos de cualquier anécdota inmediata o referencia folclórica. El cosmopolita citadino cargado de palabras y conceptos o el campesino de Mongolia y Nepal conocedor de aromas y estaciones, sabrán encontrar allí el común denominador que los une y sólo sabe otorgar la verdadera obra de arte.
Las formas mucho más que milenarias de Ramírez, las crestas onduladas de cordilleras que súbitamente se desploman en precipicios, en abismos insondables, en remansos cubiertos de árboles jóvenes, en valles lavados por viejos ríos, en horizontes de niebla, parecen extraídas aquí con paciencia geológica, con la misma minucia de la erosión realizada por el viento y la lluvia sobre la corteza terráquea.
En la obra de Ramírez no hay concesión alguna a una figuración que recurre al fácil colorido, a la anécdota o al caos artificial para esconder lo verdadero, que sí encontraron los artistas anónimos de las cuevas de Altamira y Chauvet, los grandes calígrafos y maestros de la tinta China o Rothko y Malevitch en nuestros tiempos.
“Las montañas vienen de mi interior, no representan un lugar preciso y como no son de ninguna parte, son de todas partes” nos dice Ramírez con lucidez diáfana, o sea con la misma verdad del poeta frente al alba o el crepúsculo.
Cielo y tierra, materia y espíritu, negro y blanco, río y montaña, árbol y prado, piedra y musgo, son los materiales que se riegan en esas telas que parecen también capas geológicas u océanos petrificados, olas en una playa incesante de arena blanca y guijarros grises molidos desde siempre por la fuerza salada del mar.
¿Qué he visto en esta serie de paisajes de Ramírez? Desde el primer instante no tuve duda alguna que estaba frente a la poesía y la poesía es la música de la nada y el todo. Es el fresco hallazgo de la infancia luego de cavar en la roca en busca de gemas nunca vistas, con cuya transparencia se ilumina todo un instante, antes de pasar al reino del silencio y la oscuridad de la noche en los bosques y las montañas originales.
Eduardo Garcia Aguilar
Periodista, escritor, poeta colombiano, escribio dos recopilaciones de historias cortas, dos recopilaciones de poesia y tres novelas, incluyendo El Viaje Triunfal, que octubo el Premio Ernesto Sabáto en 1993.
Ha publicado estudios sobre Alvaro Mutis y Gabriel García Márques. |
Clara Ramírez distingue el espacio que nos rodea , el vacío se convierte en una presencia dentro del espacio, una presencia invisible, un silencio, una contemplación: territorios que irradian serenidad. Su proceso va a lo esencial, articula dentro de un plano pictórico donde se mezclan la materia y los testimonios de sensaciones destiladas por su memoria, varios ordenes visuales se cruzan y dialogan, para volver a lo que esta puesto sobre la tela como la expresión pura de un hecho. Es de lo ínfimo que sale la totalidad, es decir, aunque de lo que puede ser lo mínimo a lo que ella llega, siempre queda algo que es de origen sensible y de la realidad.
Pero puede ser mas: encuentra uno simplemente el reflejo silencioso de su vida interior? pues "es dentro de el corazon del hombre que está la vida de el espectaculo de la naturaleza. Para verla hay que sentirla" como lo hizo Clara Ramírez. Sus grandes cuadros finalmente son arboles, son fuentes de agua… de pretextos en suma que se escapan a cualquier de discurso y que por lo tanto se acercan al misterio del mundo.
Muriel Carbonnet, 6 de junio 2002
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